sábado, 24 de septiembre de 2011

No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.

(Cortázar)

lunes, 5 de septiembre de 2011

El amor, el amor (Michel Houellebecq)


En una sala porno, jubilados jadeantes
Contemplaban, escépticos,
Los brincos mal filmados de parejas lascivas;
Sin ningún argumento.

He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
El auténtico rostro.
Seductores, algunos; esos siempre seducen,
Los otros sobrenadan.

El destino no existe ni la fidelidad,
Mera atracción de cuerpos.
Sin apego ninguno, sin ninguna piedad,
Juegan y se desgarran.

Seductores algunos, por ende, codiciados,
Llegarán al orgasmo.
Hartos ya, tantos otros, no tienen ni siquiera
Deseos que ocultar;

Sólo una soledad que acentúa el impúdico
Goce de las mujeres;
Tan sólo una certeza: "Eso no es para mí",
Pequeño drama obscuro.

Morirán es seguro algo desencantados,
Sin ilusiones líricas;
Practicarán a fondo el arte de despreciarse,
De modo bien mecánico.

A quienes nunca fueron amados me dirijo,
A quienes no gustaron;
A los ausentes todos del sexo liberado,
Del placer ordinario;

No temáis nada, amigos, mínima es vuestra pérdida:
No existe, no, el amor.
Es sólo un juego cruel cuyas víctimas sois;
Juego de especialistas.

domingo, 28 de agosto de 2011

Dosis

Afuera llueve. Ha pasado lloviendo casi desde el medio día, mientras en mi habitación las paredes sudan, lo que gotea y se acumula.  Hoy veía una película sobre Mozart y me preguntaba si en verdad a veces el destino (o lo que sea que se llame el curso de la vida de cada quién) a veces presenta el poderoso deseo interior de crear obras que inmortalicen a quien las expulsa, pero se les niega el talento.  Es decir, Salieri tenía el enorme deseo de crear, de que su espíritu encontrara el punto de conjunción en el universo, a través de sus obras, al punto de venderle su alma a Dios para conseguirlo. Pero no tuvo el talento. No tuvo nunca el talento que traía Mozart. Y ahora sabemos quién permaneció en el mundo de la música y de quién apenas se saben algunas anécdotas.

Miro a veces en televisión a personajes con sus propias historias, con sus sobrevivencias y vivencias y noto que hay un fuego que en el mundo se va ahogando con el tiempo.  Es como si esta lluvia que hay fuera, existiera ahora siempre en las entrañas del día a día.  Mi sentido humano me dice que, sí.  Hay mucha gente que sabe que nace, y que su razón de haber nacido es existir.

Pienso que mucha gente se miente a sí misma, más que mentirle a los demás. Y es triste.  Yo no pretendo ser alguien que sale todos los días con pancartas y me quede de plantón frente a iglesias, conventos, palacios, congresos y sitios donde nadie sabe quién soy. Sí lo intenté, pero no es eso lo que deseo.

A veces siento un dolor que me oprime el pecho y no tiene una explicación razonable para quien me pregunta por esto.  Es solo la punzada que por momentos siento que viene de cosas que no conozco y de cosas que tal vez ya conozco mucho y muy bien.

Estos días me he encerrado en mi caparazón.  Estoy a punto de iniciar terapia y a veces he estado a punto de terminar con mi propia vida. Pero esto último sería un acto de pura cobardía. No porque desee estoicamente salir adelante por algo o por alguien.  Es porque como leí en algún sitio: "no seré nunca turista, pero siempre seré un viajero".

Creo que esa fue la diferencia entre Salieri y Mozart.  Uno quiso saberse turista y embajador en el arte.  El otro solamente quiso viajar y por qué no, perder el rumbo que nunca estuvo marcado en su mapa. Pues su corazón al final de cuentas era su brújula.

Voy a buscar mi hogar. Pues allí encontraré de nuevo mi corazón.

jueves, 25 de agosto de 2011

Moritat

El clarinete desata su alma desafinada
y brotan tulipanes negros
desde la fogata en el bar...

Mi vaso conversa de whisky
con mi lagrimal, en tanto mi bufanda
se ahorca contra el invierno tropical
de una Antártida sin morsas...

Es cierto, dije su nombre
sin haberlo pensado
y Nina se duchaba de lila
en el tragaluz.

Por las tardes me uno con el viento
entre las islas de mi ciudad,
voy soltando gaviotas entre
poemas melodramáticos
y baladas de adolescentes enamorados
que juegan a no olvidarse jamás.

Mi corazón cuelga en la orilla
del mar,
mi espíritu es un batallón de
tigres feroces, arrancando páginas
de Lorca y lamiendo a Benedetti
sin el rostro de vos.

Este verso es cursi
el verdugo fue mi desesperación,
en ojos de perro deposito
la melodía que en madrugada
saldrá a comprar cereales,
tostadas y requesón.

Hasta que me resbale en la acera
y no haya quien se burle de mí.

jueves, 18 de agosto de 2011

Borradores

I

La luz: el cordel baja por la temperatura del cuello hasta volverse aguijón de opio. No. Los pinceles no son bicolor y no se trata de elegir entre el lila y el añil, ni llantas o los pies.  Solo voy  haciéndole vapor a los globos en el cielo y toco un poco de rock al té frío del rincón.

Un blues de naves en puertos de limón.  Solfeo.

II

Flores de loto en dinteles.
Trazos rotos entre el papel y el vocablo.  Callar en el mouvement introductif de un puente y el arma que gira en la sien...Respirar en la copa de los árboles saboreando el numen del sonido.

III

No se me callan los dedos, el lápiz va de tropel a locomotora en mil.  Se me arrugan los ojos pero no las visiones. La línea es una franja de esquirlas y balas con vacío en la testa.  Duermo en el lomo de una pesadilla que sacude sus pulgas en la alforja del dilema.  Entonces giro las tuercas del reloj amortajado que raspa de diente mi tiempo.

Está bonito el día y mi espíritu lo abarca en pleno vuelo hacia no sé dónde. Qué sé yo.  El alba incendia mi boca, la que saldrá a buscar la tuya en medio del tránsito que golpea las avenidas del centro.  Encontrémonos. Me llamaste. Te llamé.

miércoles, 29 de junio de 2011

III

En la humedad de tu cuerpo encontraré la redención de tanto desierto en mi piel.


No encuentra techo la pasión si estoy colgando de tu espalda y tus piernas van asfixiando mi soledad....

domingo, 29 de mayo de 2011

Juegos

Ruido
bulla
calor
lluvia
y
planetas
psicotropicos

Luna
de
vapor
agudos
graves
heridas
entraña
de
manzano

Al corazon se lo comio Dios.

viernes, 27 de mayo de 2011

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Artículo Original en ElMalpensante.com

jueves, 26 de mayo de 2011



"En el silente sin nombre,
del agua que baña mis ramas,

encontré una rosa roja
que perfuma mis mañanas..."

sábado, 21 de mayo de 2011

Tres

Yo soy la flor de nube
y hoja de perla
en medio del mar.

Hay orquesta de abejas
en danzas de miel
y un poema escrito
sin hiel,
pluma de girasol.

Mi propio poema de amor.

jueves, 12 de mayo de 2011

Catalepsia

Salgo.

Se me hunden las huellas
en un mármol de nieve,
no existe humareda
en las pipas
de los marineros,
playa de níquel y acero.

Miro.

Cada amanecer
es un desfile infinito
de polvo
traspasando la luz del sol
y paredes
con espaldas agujereadas
por adioses
y relojes de yeso.

Duermo.

Lápida ígnea
de apellidos,
cajas de zapatos
rebalsando caminos
que alguna vez
te propuse
con piernas abiertas.

Sexo.

Babel de profetas,
desiertos,
lanzas y disparos...
tornados iridiscentes
y martini seco.

Libertad.

Rutas de evacuación
marcadas con
dedos de versos
inacabados, interminables.

Adopté almas
que no eran mías y
registré climas
entre mis pezones
carbonizados
por el vino.

Insomnio.

Soy ajena en
los rostros níveos
que celebran
duelos,
ojos bruñidos
y pálidos cirios.

Amor.

Veo a mi vagina
ser atravesada
por astros cegadores,
preñarse de
mentiras naif
y dobleces de
lágrima.

Reposo
en segundos
entre camposantos
de miel
y arrebato
de velas.

Respiro.

Caen las hojas filosas
de algún día
que no he visto
en mis pulmones
atragantados de huracanes
narcotizantes
y la anunciada
ausencia
de tu muerte
en mi regazo.

Catalepsia.

domingo, 8 de mayo de 2011

Los parajes de la resaca

¡Hey! ¡Oye!
¿Sabes qué habita en ese vaso amarillo?
Aquelarre en sol menor,
blues de tequila
y peste de ácaros
entre la garganta.

La calle hace lobotomía
y Satán saca con su uña
un puñado de muertos
que arrancan su telón azul
con hocico de rata.

No es de tres,
no hay seis,
solamente moco
bebido de la palma
de un mundo en las rocas,
whisky de avellana y nieve.

Ayer
fui la chica más bonita del bar,
hoy soy el ultraje de un abecedario
y un click olvidado
ya tan duro de masticar.

-Open window-
-Close window-

-Turn off-
-Turn on-

Los tarros de cerveza
chocan entre las promesas
del pronto
y se acaban
en el umbral del jamás.

Rock de negras que
abren sus culos
uno sobre otro
esperando la verga
que les sacará
el orgasmo que traen
suspendido, universos atrás.

Los gatos ya
dejaron de llover
y se broncean en desiertos
infernales, pues a ellos
les fue prometido su palco de lujo,
donde un perro les daría de comer.

No tengo confesiones a muerte,
solo monedas para temblar
bajo un árbol que enferma
de otoño
en tanto que la gente camina
al otro lado, volteando
su rostro cundido
de rutinas sabrosas.

Soy de la generación
que se ha quedado sin beat,
vehículo de lujo en esquinas
de travestis drogados
que gritan: ¡papi!
con sus voces roncas y nalgas duras.

Helicópteros,
cazabombarderos,
soldados sin bala
y sin bandera para limpiarse
el reclamo de sus eyaculaciones.

Vómitos al piso
¡pum! ¡boom!
Me oriné encima.

Boleto en mano,
destino Perú,
labor de turismo sexual
y traguitos de pisco
con boquita húmeda de leche.

No encuentro la tanga,
no localizo el celular...

¿Me vas a olvidar, no?

No nenita, nunca.

¿Te llamo más tarde?

No sé si voy a estar.

Deja el billete al lado.

Salgo de mi habitación
y veo la cuadra despejada.

¿Hay algo más hermoso
que la solitaria caminata
de un alcohólico con
síndrome de abstinencia?

Pienso que no.

jueves, 5 de mayo de 2011

Manuel

Solía aparecer cada vez que podía frente a mi lugar de trabajo.  Siempre había un buen pretexto: documentos para firma, preguntas tontamente administrativas o tal vez una galleta o un dulce.

Una vez me preguntó si quería ir a comer un helado con él. Fue cuando sin pensarlo mucho le dije: "¿A ti qué te parece peor, estar con una persona pobre, con una persona fea o estar con una persona inculta?".

No supo responderme.

Hace unos días lo encontré parado en una esquina, con un helado en la mano.  Yo me acerqué sonriendo y le pregunté a quién esperaba darle el helado:

"A la chica que viene caminando detrás de ti. A ella la espero."

Es un buen tipo Manuel. Espero que le vaya bien.

lunes, 2 de mayo de 2011

La insoportable pesadez de ser.

Odio los lunes. No me preguntes por qué. Quizá te podría decir que los odio porque también me amargan los domingos. Y de ahí decirte que me fastidia, porque antes van los sábados. No sé. No me preguntes nada.

Anoche escuchaba la rabia del verano moribundo destrozando el techo de mi casa. Y un puto agujero justo sobre mi cama, producto del beso de una bala, dejaba gotear su asqueroso sudor sobre mis pies. La gente es una bestia y la humanidad es un estorbo.

Quisiera ir a donde fue Thoreau a vivir en su bosque y su cabaña solitaria.

lunes, 25 de abril de 2011

Música

Uno a veces cree que buscar palabras extraordinarias, pueden describir lo maravilloso, y es en ese momento cuando la complejidad de lo que es naturalmente hermoso pierde su brillo y se encadena a unas manos que rebuscan y recomponen algo que es como una tarde lluviosa: no arreglas las calles húmedas por ese conjunto de nubes lloronas, echando más agua con una manguera.

Por eso este post se llama como tantos cientos de miles, millones de posts podrían existir en todos los blogs del mundo y en cualquier idioma. Vi por centésima vez una película tan sencilla de trama como tan mágica en sus cuadros. Un chiquillo que vive la música, que sabe de ella, lo que yo podría saber sobre tocar la guitarra. Recuerdo que por accidente vi por primera vez esa película, iba en un bus atravesando desiertos y bosques. No recuerdo ya si venía o iba hacia alguna parte.

La música es el latido del mundo. Es eso que no se niega ante nadie y tampoco se regala ante cualquiera. Yo vivo por la música. Aún si se me conoce un poco por lo que escribo. Yo sé que la música es como acariciar las faldas de la libertad y sentarse en su regazo.

No necesito contarle cuánto he leído, no me pregunta lo que entiendo de ella y sobre ella. Es como la tregua del mar y las rocas. Hablamos de amor y no dudo de ella, como ella no duda de mí. No es una carrera de IQs en el que deba demostrarle quién sabe más. Solo me acaricia y cálidamente me pide dejarla sentir en mí.

Nací con la estrella de la depresión clavada en el pecho y cuando ésta suele golpearme más, es cuando más acudo a la benevolente mano de la dama Música. Sea un profundo blues, una sublime pieza de música clásica, tal vez un toque de seda de jazz...un revitalizante rock. Ella se puede llamar de muchas formas y siempre ser ella en su océano multicolor universal.

He atravesado relojes y calendarios sin escribir una sola palabra. A veces veo a la señora Poesía como alguien a quien se le debe tocar con respeto. Y a veces la siento como una mujer caprichosa que necesito que venga y se va sonriendo. Acaso burlándose de mi.

Si la ofendo con mala ortografía: me cierra. Si la castigo con mala gramática: me corta los dedos.

No es así con la música, aunque tampoco es que la irrespete o la valore menos. El arte es lo más alto que podemos ver los seres humanos.

La música, sin embargo, me brinda ese aroma de arco iris y cafetales. De calles sonrientes de árboles y madrugadas de habano.

La música hace que germine la ternura de una lágrima de amor y una carcajada de viva flor en labio de niño.

La música es lo mejor del mundo.

Saludos desde el Código Cero

Se rompió una nube/dejando caer su entraña código cero/en mi lengua./Hoy después de mucho tiempo que lo supe/y paró de llover.

jueves, 24 de marzo de 2011

Dos

La tristeza cae como
un mal mentol en mi pecho,
vaporizándose...
atemorizando cada hebra
de la columna que sujeta
la aorta y la planta.

No escribiré más tu nombre,
aunque de verbo este sobrepoblado
tu fantasma
y mi cama se convierta
en un perol de hormigas rojas
mordisqueando mi risa amarga.

Sé que hay primavera
pues veo las flores
y de hielo a nieve
degusto su polen.

Estoy sola y
no me gusta el consuelo.

Estoy sola
en medio de
una aglomeración
de lápidas.


Ya no te escucho
entre la gente
y vos ahora
cambiaste de tren.

Tu puño desgastado
va derramándose
por las paredes
y un soplo de noche
calla el silbido de la hierba
que perdió tu tierra.


Uno

Es la hora de amortajarse,

los bebés bailan sus sonajeros

en el regazo del camello,

el verano brinca las cercas

dejando a su paso
las venus en furia...

sedientas.

Mi corazón es un colador

y doy cabezazos dentro

de la habitación
cubierta de invierno,

regada de cicuta

y ron.

Esto no sirve. Me voy.