jueves, 24 de marzo de 2011

Dos

La tristeza cae como
un mal mentol en mi pecho,
vaporizándose...
atemorizando cada hebra
de la columna que sujeta
la aorta y la planta.

No escribiré más tu nombre,
aunque de verbo este sobrepoblado
tu fantasma
y mi cama se convierta
en un perol de hormigas rojas
mordisqueando mi risa amarga.

Sé que hay primavera
pues veo las flores
y de hielo a nieve
degusto su polen.

Estoy sola y
no me gusta el consuelo.

Estoy sola
en medio de
una aglomeración
de lápidas.


Ya no te escucho
entre la gente
y vos ahora
cambiaste de tren.

Tu puño desgastado
va derramándose
por las paredes
y un soplo de noche
calla el silbido de la hierba
que perdió tu tierra.


Uno

Es la hora de amortajarse,

los bebés bailan sus sonajeros

en el regazo del camello,

el verano brinca las cercas

dejando a su paso
las venus en furia...

sedientas.

Mi corazón es un colador

y doy cabezazos dentro

de la habitación
cubierta de invierno,

regada de cicuta

y ron.

Esto no sirve. Me voy.