lunes, 25 de abril de 2011

Música

Uno a veces cree que buscar palabras extraordinarias, pueden describir lo maravilloso, y es en ese momento cuando la complejidad de lo que es naturalmente hermoso pierde su brillo y se encadena a unas manos que rebuscan y recomponen algo que es como una tarde lluviosa: no arreglas las calles húmedas por ese conjunto de nubes lloronas, echando más agua con una manguera.

Por eso este post se llama como tantos cientos de miles, millones de posts podrían existir en todos los blogs del mundo y en cualquier idioma. Vi por centésima vez una película tan sencilla de trama como tan mágica en sus cuadros. Un chiquillo que vive la música, que sabe de ella, lo que yo podría saber sobre tocar la guitarra. Recuerdo que por accidente vi por primera vez esa película, iba en un bus atravesando desiertos y bosques. No recuerdo ya si venía o iba hacia alguna parte.

La música es el latido del mundo. Es eso que no se niega ante nadie y tampoco se regala ante cualquiera. Yo vivo por la música. Aún si se me conoce un poco por lo que escribo. Yo sé que la música es como acariciar las faldas de la libertad y sentarse en su regazo.

No necesito contarle cuánto he leído, no me pregunta lo que entiendo de ella y sobre ella. Es como la tregua del mar y las rocas. Hablamos de amor y no dudo de ella, como ella no duda de mí. No es una carrera de IQs en el que deba demostrarle quién sabe más. Solo me acaricia y cálidamente me pide dejarla sentir en mí.

Nací con la estrella de la depresión clavada en el pecho y cuando ésta suele golpearme más, es cuando más acudo a la benevolente mano de la dama Música. Sea un profundo blues, una sublime pieza de música clásica, tal vez un toque de seda de jazz...un revitalizante rock. Ella se puede llamar de muchas formas y siempre ser ella en su océano multicolor universal.

He atravesado relojes y calendarios sin escribir una sola palabra. A veces veo a la señora Poesía como alguien a quien se le debe tocar con respeto. Y a veces la siento como una mujer caprichosa que necesito que venga y se va sonriendo. Acaso burlándose de mi.

Si la ofendo con mala ortografía: me cierra. Si la castigo con mala gramática: me corta los dedos.

No es así con la música, aunque tampoco es que la irrespete o la valore menos. El arte es lo más alto que podemos ver los seres humanos.

La música, sin embargo, me brinda ese aroma de arco iris y cafetales. De calles sonrientes de árboles y madrugadas de habano.

La música hace que germine la ternura de una lágrima de amor y una carcajada de viva flor en labio de niño.

La música es lo mejor del mundo.

Saludos desde el Código Cero

Se rompió una nube/dejando caer su entraña código cero/en mi lengua./Hoy después de mucho tiempo que lo supe/y paró de llover.