domingo, 29 de mayo de 2011

Juegos

Ruido
bulla
calor
lluvia
y
planetas
psicotropicos

Luna
de
vapor
agudos
graves
heridas
entraña
de
manzano

Al corazon se lo comio Dios.

viernes, 27 de mayo de 2011

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Artículo Original en ElMalpensante.com

jueves, 26 de mayo de 2011



"En el silente sin nombre,
del agua que baña mis ramas,

encontré una rosa roja
que perfuma mis mañanas..."

sábado, 21 de mayo de 2011

Tres

Yo soy la flor de nube
y hoja de perla
en medio del mar.

Hay orquesta de abejas
en danzas de miel
y un poema escrito
sin hiel,
pluma de girasol.

Mi propio poema de amor.

jueves, 12 de mayo de 2011

Catalepsia

Salgo.

Se me hunden las huellas
en un mármol de nieve,
no existe humareda
en las pipas
de los marineros,
playa de níquel y acero.

Miro.

Cada amanecer
es un desfile infinito
de polvo
traspasando la luz del sol
y paredes
con espaldas agujereadas
por adioses
y relojes de yeso.

Duermo.

Lápida ígnea
de apellidos,
cajas de zapatos
rebalsando caminos
que alguna vez
te propuse
con piernas abiertas.

Sexo.

Babel de profetas,
desiertos,
lanzas y disparos...
tornados iridiscentes
y martini seco.

Libertad.

Rutas de evacuación
marcadas con
dedos de versos
inacabados, interminables.

Adopté almas
que no eran mías y
registré climas
entre mis pezones
carbonizados
por el vino.

Insomnio.

Soy ajena en
los rostros níveos
que celebran
duelos,
ojos bruñidos
y pálidos cirios.

Amor.

Veo a mi vagina
ser atravesada
por astros cegadores,
preñarse de
mentiras naif
y dobleces de
lágrima.

Reposo
en segundos
entre camposantos
de miel
y arrebato
de velas.

Respiro.

Caen las hojas filosas
de algún día
que no he visto
en mis pulmones
atragantados de huracanes
narcotizantes
y la anunciada
ausencia
de tu muerte
en mi regazo.

Catalepsia.

domingo, 8 de mayo de 2011

Los parajes de la resaca

¡Hey! ¡Oye!
¿Sabes qué habita en ese vaso amarillo?
Aquelarre en sol menor,
blues de tequila
y peste de ácaros
entre la garganta.

La calle hace lobotomía
y Satán saca con su uña
un puñado de muertos
que arrancan su telón azul
con hocico de rata.

No es de tres,
no hay seis,
solamente moco
bebido de la palma
de un mundo en las rocas,
whisky de avellana y nieve.

Ayer
fui la chica más bonita del bar,
hoy soy el ultraje de un abecedario
y un click olvidado
ya tan duro de masticar.

-Open window-
-Close window-

-Turn off-
-Turn on-

Los tarros de cerveza
chocan entre las promesas
del pronto
y se acaban
en el umbral del jamás.

Rock de negras que
abren sus culos
uno sobre otro
esperando la verga
que les sacará
el orgasmo que traen
suspendido, universos atrás.

Los gatos ya
dejaron de llover
y se broncean en desiertos
infernales, pues a ellos
les fue prometido su palco de lujo,
donde un perro les daría de comer.

No tengo confesiones a muerte,
solo monedas para temblar
bajo un árbol que enferma
de otoño
en tanto que la gente camina
al otro lado, volteando
su rostro cundido
de rutinas sabrosas.

Soy de la generación
que se ha quedado sin beat,
vehículo de lujo en esquinas
de travestis drogados
que gritan: ¡papi!
con sus voces roncas y nalgas duras.

Helicópteros,
cazabombarderos,
soldados sin bala
y sin bandera para limpiarse
el reclamo de sus eyaculaciones.

Vómitos al piso
¡pum! ¡boom!
Me oriné encima.

Boleto en mano,
destino Perú,
labor de turismo sexual
y traguitos de pisco
con boquita húmeda de leche.

No encuentro la tanga,
no localizo el celular...

¿Me vas a olvidar, no?

No nenita, nunca.

¿Te llamo más tarde?

No sé si voy a estar.

Deja el billete al lado.

Salgo de mi habitación
y veo la cuadra despejada.

¿Hay algo más hermoso
que la solitaria caminata
de un alcohólico con
síndrome de abstinencia?

Pienso que no.

jueves, 5 de mayo de 2011

Manuel

Solía aparecer cada vez que podía frente a mi lugar de trabajo.  Siempre había un buen pretexto: documentos para firma, preguntas tontamente administrativas o tal vez una galleta o un dulce.

Una vez me preguntó si quería ir a comer un helado con él. Fue cuando sin pensarlo mucho le dije: "¿A ti qué te parece peor, estar con una persona pobre, con una persona fea o estar con una persona inculta?".

No supo responderme.

Hace unos días lo encontré parado en una esquina, con un helado en la mano.  Yo me acerqué sonriendo y le pregunté a quién esperaba darle el helado:

"A la chica que viene caminando detrás de ti. A ella la espero."

Es un buen tipo Manuel. Espero que le vaya bien.

lunes, 2 de mayo de 2011

La insoportable pesadez de ser.

Odio los lunes. No me preguntes por qué. Quizá te podría decir que los odio porque también me amargan los domingos. Y de ahí decirte que me fastidia, porque antes van los sábados. No sé. No me preguntes nada.

Anoche escuchaba la rabia del verano moribundo destrozando el techo de mi casa. Y un puto agujero justo sobre mi cama, producto del beso de una bala, dejaba gotear su asqueroso sudor sobre mis pies. La gente es una bestia y la humanidad es un estorbo.

Quisiera ir a donde fue Thoreau a vivir en su bosque y su cabaña solitaria.