martes, 29 de octubre de 2013

¿Oyes los ecos de libertad, Diana?

“No es tan díficil, no es díficil, conocer el secreto del mundo. Tener esa llave, que no está oculta en los bosques de las gorgonas, o en los pináculos de Argel, está ahí, al frente, sacándote la lengua, diciéndote ¡oye, oye!... “
(O. King Alpaca)
Babel se despertaba ayer
sobre mis pómulos de grana
y llanto de violonchelo,
cascada de nepente,
brazos de fragata y
hielo seco.

A las tres de la madrugada
hundía mi cabeza en una almohada
de duendes campaneros y
ahorcados, su yermo abrazo.

Lagrimeaba atravesando el terciopelo universal
y mi congoja se derramaba
como los ceniceros cuando fallecen
al sonar la una y cerrarse el bar.

Horrorizada el alba se negaba
a salir de su lecho de solsticios y
mirra.

Hoy se desordenaban mis greñas
con el clima bipolar,
calostro de clorofila y manantial
de muérdago.

Luna de marzo.

Bienvenido invierno,
te llevas el delantal de mi vieja
y me traes el whisky bermejo
de la caoba y el pino.

Un libro que suelta la magia
de un batallón de alter egos,
una fotografía del siglo pasado
donde un tipo teclea su
máquina de escribir,
sacándola de su cajón como
pirata que encuentra su tesoro,
pero que éste,
le palpita en el centro
de su espíritu y su cetro es el sol.

Tic, tac:

Gardel que desde la médula
de una vitrola dice “el día que me quieras”,

Tan, tan:

Una guitarra de palo me canta a capella:
¿Oyes los ecos de libertad, Diana?

Wiii Wiii

Y yo que en un recital de sajinos
le digo “Vamos, te invito a un café”.

Libertad.


viernes, 25 de octubre de 2013

La plaga del Amazonas

Pincha la bruja con su uña de cardamomo y diamantina
la barriga del río,
pues las pirañas hierven en las orillas 
y traen en sus fauces, su estulticia.

Los aldeanos gimen,
las embarazadas abortan,
se cubre el alba de añil mentira,
sayos de pellejo y honra fúnebre.

La chiquilla tomó su navaja
y rapaba a su muñeca favorita,
mientras le contaba sobre su soledad 
de cartas y fanales,
mar de perla y madreselva.

Lloraba sobre su vestido de tul
al caer la tarde,
cuando el ocaso empuja
a sus títeres negros para danzar
al son de Rimbaud y su flauta de asbesto.

Yo la veía desde mi habitación,
en donde me encorvaba por
ser concubina de Sísifo y la conjuntivitis
aceleraba mi ceguera post-guerra.
No hay nación que sobreviva
entre marcha de maletines piel de zángano
y documentos Prêt-à-porter.

Así decía el Gran Corregidor.


¿Acaso no ves mi laguna
hecha de lirios de papel y delfines
de agua dulce?

-Eres mi mejor amiga. Pero no confío en ti.-

Hoy es noche de Talk Show.

Y volvía al Amazonas todas las mañanas,
regresaba con el pie fracturado por la cuasi noche
del tigre y el jade,
el viento desplegaba su velamen
gritándome ¡Vamos!

La niña seguía con sus mensajes
en botellas de licor avinagrado.

El bombardeo.

El andar sobre campo minado.

La amputación.

El juego de la cábala.

Ella que dijo haberse aburrido de esperar.

Y yo le dije que me aburrí de estar aquí,
contando cadáveres y espulgando féretros.

-¿Aló?-

Sonido de llamada interrumpida: Tu, tu, tu, tuuuuuuuuuuuuuuuu

El cáncer podrá comer entrañas,
pero no digiere voluntades.


jueves, 24 de octubre de 2013

Escribiendo desde el Bar en Avellaneda Blues

La Liturgia

Esponsales entre whiskies y rones,
beso de vaso roto y pañoleta,
la mesera tira su tarot de selvas
y poda las trompas
de mis paquidermos de jardín.

Los bebés juegan ahorcado
entre el bidón del trigo y la cebada,
la luna se desnuda en la mesa
del que suda blenorrea...

¡A embarcarse!

Soy pirata de navíos de papel
y estoy preñada de eclipses,
mi espalda es de valija y almendras,
 
mis pies son de delfín.

El Teatro

Goterones de carbúnculos
en el mezzanine,
el tablón burbujea:
Acto I, Escena 5...

Los mimos del Africa,
el Kabuki tras bastidores,
la absenta chorreando el tocador...

Una canción de buenos borrachos

Tras la barra del bar
el saxofón y su sexo,
la morena y su cuerpo de guitarra,
mis lágrimas de macho
que no debe llorar...

El jazz y el rock,
el blues y el tango,
Dalí brindando con la nostalgia,
el champagne que se fuga entre
burbujas y senos,
enamorados buscando su cama tibia,
pies de a dos y dos...

Resaca de domingo
y samba de carnaval...

Mi bar.


Parajes de ojivas y bengalas

Los pontones vienen y van
entre el armario del tórax,
congestión de cometas y
dolor intramuscular.

Su esfínter se estrella
con saliva de peyotes 
y mandarinas asiáticas.

Es mediodía.

Salgo a buscar un poco de lluvia
en botellas plásticas y la acera
es duna, crisol y cráter
dibujando grafos y anuncios de empleo,
pues el dinero es siempre
buen caballero, que no sabe saludar.

Una familia entera vomita pegamento,
saca a secar sus cartones orinados
y se sacuden las pulgas del casimir.

La Enfermedad viste de Bon Apetit.

Equinoccio.

Los bebés platican de sexo
con serafines y palpan sus
partes buscándose hachís
de vagina y opio de verga.

Cosmos al rojo vivo.

Ella: 

-Duermes, papi, al calor de la sábana
y el corte de nieve en la boca,
mis axilas tragan moscas
y tu pulgar del pie me cosquillea el clítoris,
un poco más duro, que me vengo…me vengo…-

El:

-Mi boca de tragaluz 
y mi escenario de sangre,
uñas y dientes,
baño turco y masaje,
bisturí y encaje,
luna y efectivo.

Chúpamela y aspíralo todo
con dulzura de porcelana.-


Es de tarde.

Me meto la mano al bolsillo
y veo mi boleto del tren.

¡El tren!

El absurdo standing ovation.


Me gustas

Se abren las cascadas de tu mirada
en madrugada y se encienden con 
una mañana luminosa 
que cuelga de los dinteles
de tus pestañas.

Tus pies de diorita surcando
las flores del universo,
y esos cabellos ensortijados
que guillotinan el olvido de 
mi frontera y derraman mi alma
por un céfiro de dragones alados…

Es hoy,
cuando el día revienta en amarillo 
sobre mi espalda 
y las aves bifurcan el cielo,
que soy náufrago en tu corazón de brújula
y estrellas.

Es la tierra,
que abraza tu carne 
y suelta en bandadas tus palabras
que llegan hasta mí 
como barcos de pesca, 
a mi puerto de fontanas,
en donde al sonar el silbato de la charla,
me proclamo emperatriz, 
que sin ser yo Josefina, ni vos un Napoleón,
busco una revolución en tu boca y un beso.

Me gustas.




Soliloquio


Las sílabas son de azabache
y la garganta de embudo
es de pleamar,
entre una gris vocal,
una verde consonante,
entre la libertad
y buscarse un sedante al dormir.


Mi melena añejada,
con sus hilos blancos
asomándose como sudor
de esperma cayendo del
paladar de Dios,
acompañan ecos sin ecos,
voces que no son nada
y mi frío que es calor.


Aligero los pies para el baile,
respiro con las venas entreabiertas,
la música corroe ese breve espacio
de cosas que con una alegre tonada
en la barriga de un violín,
me dicen adiós.


Un domingo azul.

Toccata de verano-invierno

Otro domingo que crispa el sol
y quiere hacerse la crisopeya
con el latón de mis dedos, otrora lira.

Fue 14, fue de tarde, fue en automóvil,
fue en un choque, fue en un barranco,
fue en un mes, fue ayer.

Fue.

Revisaron mis papeles 
y me mandaron a la frontera
de mi furia, que chocaba contra
témpanos y raspaba mi mandíbula
contraída por la necesidad de despedirme.

Tus zapatitos mojados 
a la orilla del mar,
tu carita de pucheros a la luz de
las botellas en el garaje en donde
giraba mi llave del mándala.

El ring ring de la bicicleta
me ha avisado que abrieron otra vez
las puertas del parquecito,
pero todo es tan insípido, de mampostería.

Me da miedo la gente,
me causa angustia la calle,
mi imperio consta ahora 
de un par de llaves,
una sonrisa en una postal
y un poema mal garabateado 
en una servilleta.

El gigante ogro verde
que se tragó Atitlán
y defecó Amatitlán,
es también la primavera creciendo
en las calaveras de mi tristeza,
regándose con las gotitas 
que se deslizan por mi barbilla 
temblorosa de calor.

Una anciana se queja hoy
de su tibia caparazón de siempre,
pide rebaja a la fila de panes,
pide que no le cobre tan caro la clase de inglés,
pide que el alba le grite de nuevo
lo tan usurera, hija de puta, que es.

Te extraño.

El diccionario no trae su sórdida
vulgaridad en un vaso de pisco,
los libros no se agitan
como tus pulmones en madrugada,
la ventana no tiene su reflejo
sexual en un atardecer de nonas
pelirrojas y abuelos dientes de conejo.

Los inditos se burlan
de mis insultos de a uno,
mi humor negro es rosa,
mi cabello ya eligió su mordida
de acero y punzadas de hielo.

No muero.

Mi tórax escupió pétalos
en madrugada,
cuando tocaba tu puerta
de casita estilo inglés,
mientras bajo el brazo
sostenía los discos de vinyl
y encontraba tu celular
bajo la alfombra.

Desperté.

El teruteru deambula
todos los días sobre mi cabeza,
el grillo nochero resopla
en mis tímpanos su monólogo 
sobre perros blancos
y bares de antaño con meseros epilépticos.

Quédate. Por favor espera.

Volveré para regar 
tus jardines de alcohol
y mala hierba,
tu desnudez
es mi patria secreta,
y tu ciudad es mi odio a voces.

Una bala atraviesa como un grito
tu habitación de ángeles,
partiendo el cofre de música
que dejé escondido,
reventando botellas de vino vacías,
con mensajes que no vienen
en código, ni en señales,
dibujando un agujero en mi corazón
que se quedó en la gaveta
del escritorio, 
grabando amor en mi rincón
de tu cama.

Volveré.