jueves, 14 de noviembre de 2013

La ópera del drama y el caos

Parafernalia de desayuno y 
buffet de hábitos para almorzar,
una cena de rituales y rezos de guirnalda,
santos encartonados, por mi culpa,
por tu culpa, por nuestra culpa.

El ojo izquierdo, el huso
el ojo derecho, la rueca
doctos libros despotricándose
de las estanterías donde reposa
una lengua y oídos.

Ofelia ha caído en las gimientes aguas
de un mar urbano, abecedario
de gente:

Sol=Sol

Cielo=Cielo

Mar=Mar

La marina de guerra ha salido
empalando palabras como carne fresca
en sus cuasi cañones hechos de megáfono
y pólvora de sierpes.

Descuartizan los violines de Elgar,
La Traviata se fabrica su abanico de patrañas,
y el Barbero de Sevilla hace recorte de personal.

Yo la veía emerger de la tierra,
creciendo con rocío y raíz violácea,
fulgores finos y hojas al viento,
mirar hacia Saturno cuando todos
se hundían en su sarcófago de olvidos,
en las noches de penumbra
y temblaban con una constelación
escondida bajo la almohada.

Pero ella enfermó.

La veía morir ahogada en una taza de té,
recogiendo las flores de la porcelana,
ciudadana desterrada por 
el universo.

Es la mujer de faldas de vuelo,
sombrero de paja y
cartera de imitación passé.

Soñaba todavía con buscar a Roma
lejos de Roma, junto a Quevedo,
pero la policía siempre daba con su paradero,
llegaban con sus perros de guardia
y la metían en la celda de 4x4 
para que no pudiese adivinar a dónde
se dirigía la cometa en noviembre,
le mordían los pies y se volvía mármol.

Hay asuntos que no se pueden saber.

El Jamás, el Nunca y el No se debe, 
son trillizos apabullando primaveras.

El vino a veces es fatuo,
el drama clásico es una nena
y sus dulce dieciséis sin vestido,
el reproche y el abandono,
la culpa y la miseria de ser un
Gran Hijo de Puta y reírse.

Guatemala languidece y se
llena de hongos.

No es la geografía y la bandera,
no es el abrazo de amor o del amigo,
tampoco lo es un trago bien servido,
es el valle de cardamomo,
el edificio con su azotea
y sus calzones en el lazo.
El latido sin marcapaso y el paso sin zapato.

Seguir sin el punto y final (.)


miércoles, 6 de noviembre de 2013

martes, 5 de noviembre de 2013

Rito de cactus

Cosmovisiones fulgiendo
entre marcos de ventanas y cerrojos,
soy circuito de playa y atravieso
a nado su pecho de mares empapelados,
antes de que el poema se extinga
en un sortilegio de habanos.

La cabellera de savia destila
por los muslos calientes de la plaza.

Las bancas se han abandonado
y las piernas disecadas
se suben a los hombros de la niebla,
se flexionan ante el paso de los aviones,
rompen el himen de la noche.

Mi sarcófago de estrellas se abre
y extiende sus manos
palpando mi pezones
de frijoles negros.

El biombo es un terrorista de brassieres y calzones.

Soy la trampa chapina
al estilo underground
son of a bitch,
Distrito de Surco.

Tengo un par de muertes alegres
clavadas en la espalda,
las saco a pasear y les pongo su atuendo,
mortaja-rojo-comunista y
cuerdas de títeres cascabel.

Visitamos una Casa Azul
encamándonos con Frida.

Mi concubina, ramera y virgen
desayuna cocaína,
almuerza marihuana
y cena opio con arroz.

Tan linda ella,
tan puta ella,
tan mojigata la nena,
pues en cuatro le duele el culo
y con la pose del misionero
reparte boletines con consejos maternales,
pero en el fondo,
es un engendro del asfalto,
piel roja, ave maría purísima.

Las tortugas pasan repartiendo su bilis
en mi taza de café...
Diez lucas por tu lengua en mi vagina,
los huesos de mi alma por tu agreste verbo.

Las palomas en el centro se dan a la fuga,
ebrias de maicillo y sedientas de copas de luna,
pues los árboles fallecen en el verano,
ahorcados con bikinis y tablas de surf.

A medio continente,
mi casa lagrimea glóbulos rojos
cuando palpa su pubis de pared
y no encuentra mi nombre.

El rugido se oscurece de cerveza
y se escarcha de lirios.

Ya viene la migra.

La distancia es de corceles y magia negra.

Dispara y apunta bien al centro de la selva,
pues allí me encuentro marcada con una cruz.


Monólogo de Katana

La trompeta bulle de rémoras y mortajas de esparto,
cuando la noche brota violentando desvanes y
moviendo olas de musgo en ese vacío que
va encontrando su curso.

En la obertura, el aria y el recital de
testas de pedernal, se derrama la baba
de los periódicos neoyorquinos por la mesa
de Alí Babá y sus 40 prostitutas.

Baraja, tornamesa y farol.

El aire filoso destroza los alargados cuellos
de botella y dedos de humo chillante del cigaré 
en labios de la Gran Odalisca.

Cemento.

Los pies se me congelan de sierpes
y los oídos de llanto negro,
rumor de viento de amianto y pared seca,
colágeno de esplín, displicencia en flor.

Fragmentándose las venas con la queja
de un cocodrilo que escribe con las garras
una historia de tragedia de telenovela y chancletas,
de maridos barrigones y saliva de estiércol,
insiste, insiste, el diablo es puerco.

Tengo a los pies de la cama una playa
con objetos olvidados, arrastrándose 
hacia una aurora de smog.

¡Ay la médula del hastío!